Barracones del destierro

Nos disponemos  a entrar. Tras caminar unos centenares de metros, nos encontramos con los primeros barracones.

 

Barracones

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Barracones. Detalles

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Barracones. Detalles

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Barracones. Detalles

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Barracones

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Entrada sin retorno

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Entrada sin retorno

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Entrada sin retorno

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Me enamoré de Hans a primera vista. El era el abogado de mi tio Jurgen, y quien le acompañó desde Alemania cuando lo sacó de la cárcel. Solo venía a traerlo junto a su familia, pero se quedó por amor. Por amor a mi. Primero tuve miedo de que fuera hetero, pero en seguida percibí cómo me miraba. Fue un verdadero flechazo. A mi tio no le gustó nada, y sigue sin gustarle, dice que no puede salir bien, pero no entendemos porqué. Hoy hemos quedado en su casa, pronto cumplirá cien años y como regalo me ha pedido que escriba su historia. Se me dan bien las palabras, así que he aceptado. Vamos a estar los tres solos, como el ha pedido. Yo grabaré todo cuanto diga y sólo podremos hacer preguntas cuando el haga una pausa. Todo muy misterioso, como el.

Llegamos puntuales a su apartamento del centro de la ciudad. Nos abre Ana, su ama de llaves, y se despide hasta mas tarde. Mi tio le ha dado la tarde libre para que estemos mas tranquilos. A saber lo que nos va a contar este hombre. A mi encanta. Desde el principio conectamos, y desde que le conozco no me he separado de el nunca más de dos días. Es un hombre fascinante, y por fin hoy vamos a conocer su historia. Nos recibe sentado en su butaca favorita, y hoy se ha vestido con un traje chaqueta de franela gris. Parece que para el tambien es importante lo que hoy nos va a contar. Tras los saludos protocolarios, servimos café y conecto la grabadora.

“Nací en Munich el diez de octubre de 1912. Mi infancia no es trascendente, fui un chico normal, que vivió feliz en el seno de una familia típica de la Alemania de aquellos años. Durante mi adolescencia me di cuenta muy tempranamente que todo eso tan normal no me iba a durar mucho, puesto que mis sentimientos amorosos no se dirigían a las muchachas del vecindario, sino a sus hermanos. La homosexualidad en aquella época no era algo de lo que enorgullecerse, sino mas bien todo lo contrario, o al menos así te lo hacían sentir. Así que cuando Ernst y yo nos enamoramos decidimos mantenerlo en secreto. Todos conocíamos la existencia del Artículo 175 del código penal, que perseguía a los  homosexuales, y en nuestro caso añadíamos el agravante de que Ernst era miembro del ejército aleman, así que no teníamos alternativa. En 1930, el Völkischer Beobachtr, órgano oficial del NSDAP, comparaba a los homosexuales con lo peor del alma de los judíos y recomendaba tratarlos como criminales aberrantes. No voy a daros una charla sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial, porque se que conoceis a la perfección los detalles de cuanto aconteció, pero sí querría destacar los acontecimientos que me llevaron a mi a dar con mis huesos en el campo de concentración donde estuve durante los peores años de toda mi vida.

En 1934 viví la creación de una división policial especializada en la persecución de los homosexuales. Se crearon las “listas rosas”, en las cuales miles de gays fueron fichados, detenidos y torturados para que delatasen a otros gays. Yo nunca hablé, nunca mencioné a Ernst, el hombre al que amaba, el soldado policía que me detuvo y me mandó al campo de concentración. El ganó un grado en su carrera y yo un triangulo rosa.

Os ahorraré detalles de cómo fue mi vida a partir de entonces. Solo deciros que a pesar de  que sufrí torturas, vejaciones y demás improperios, lo que mas me dolía era ver a Ernst pasearse entre los demas oficiales con su flamante uniforme condecorado de las SS. Ni me miraba. Pero yo no podía evitar seguir amandole. Solía soñar que todo aquello acabaría y el vendría a buscarme, me sacaría de allí y empezaríamos una nueva vida lejos de aquel infierno. Pero eso nunca sucedió, y yo seguía subsistiendo entre orines y mugre, esperando que la muerte quisiera llevarme pronto con ella. Aquellos barracones fueron testigos de cosas que degradan al ser humano por debajo de  la escoria. Nunca debeis permitir que la humanidad olvide aquello, porque el olvido podría llevar a que se repitiera la historia, e hijos, eso sería devolver la llave al infierno.

En total estuve veinte años preso. En campos de concentración durante le Tercer Reich, en centros de reeducación y prisiones durante la República Federal Alemana. Hasta que Hans se encargó de traerme a casa. Y aquí empieza vuestra vinculación directa con mi historia. Cuando lo vi por primera vez sentí que iba a desmayarme. Era Ernst. Y estaba igual, como cuando teníamos dieciocho años y nos escondíamos en los garajes para dar rienda suelta a nuestras pasiones. Creí que de una vez me había vuelto loco. Hasta que Hans me contó porqué estaba allí. Al parecer su abuelo le había dejado toda su herencia a cambio de que me buscara y me reuniera con mi familia, además de asegurarse de que tuviera todo cuanto me hiciese falta  hasta el fin de mis días.”

En ese punto de la historia Hans y yo mismo estabamos ya sin respiración. Mi compañero estaba pálido, con la boca rígida y llorando abiertamente. Le dijo a mi tio Jurgen que no sabía nada de esa historia, que solo estaba cumpliendo las últimas voluntades de su abuelo muerto, y le juró que dedicaría el resto de su vida a luchar porque el mundo nunca olvide de lo que es capaz el ser humano.

Mi tio sonrió, le dió las gracias y murió. DEP.

Es un relato de la escritora Vanessa López

http://onirialina.wordpress.com/2012/12/10/barracones-de-la-memoria/

 

Entrada sin retorno

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Barracones. Detalles

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Barracón de salida

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Barracón de salida

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La escuela

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Fin de muchos servicios

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Fin de muchos servicios

Fin de servicio

 

 

Barracones. Detalles

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El barracón azul

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El barracón azul

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Fin de muchos servicios

Fin de servicio

 

 

Fin de muchos servicios

Fin de servicio

 

 

Fin de muchos servicios

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El barracón azul

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El barracón azul

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El hangar

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7 Respuestas a “Barracones del destierro

  1. Un rincón de memoria histórica.

    Nuestra fotografía de abandonos rinde tributo al campo de concentración de Rivesaltes, al sur de Francia.

    Los muros que lo rodena aún recuerdan la vida que albergó, aunque no siempre para bien.

    El estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), sigue siendo hoy el mayor conflicto bélico de la historia de la humanidad, con un total de 50-70 millones de víctimas mortales (dependiendo de la fuente)

    El campo de concentració de Rivesaltes, tal y como lo conocemos en la actualidad, pasó por varias remodelaciones y diversos usos: desde campo de internamiento para las tropas francesas, pasando por punto estratégico de realojamiento de familias de militares francesas; centro penitenciario de exiliados después de la caida del flanco catalán a manos del Ejército Popular Republicano Español; campo de vigilancia especial para judíos franceses, centro de prisioneros de guerra y finalmente prisión como las que conocemos en la actualidad.

    El campo llegó a extenderse a lo largo y ancho de casi 6 hectáreas, y todavía hoy conserva gran parte de sus barracones y torres de vigilancia.

    Pero sin embargo es un lugar “cerrado por abandono”. El tiempo no le hace ninguna justicia. Las grietas de sus muros son hoy los guardianes del lugar.

    A fin de cuentas, la vida seguirá y mañana despertará un nuevo día.

    Fdo. fotoabandonos

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