La escuela del rector

Nos encontramos en una gran escuela. Una escuela de la vieja usanza. Donde los alumnos se quedaban a dormir. Y los que cada mañana dedicaban unos minutos de oración en la pequeña iglesia.

Tiempo de oraciones

Tiempo de oraciones

 

 

Tiempo de oraciones

Tiempo de oraciones

 

 

Tiempo de oraciones

Tiempo de oraciones

 

 

Tiempo de oraciones

Tiempo de oraciones

 

Salgo de la iglesia para empezar a fotografiar los dormitorios comunitarios.

Dormitorios

Dormitorios

 

 

Dormitorios

Dormitorios

 

 

Dormitorios

Dormitorios

 

 

Dormitorios

Dormitorios

 

Avanzamos por los largos pasillos hasta encontrar los lavabos.

Lavabos

Lavabos

 

 

Lavabos

Lavabos

 

Me dirijo a la planta superior y descubro una visión inusual del gran reloj.

Reloj a la inversa

Reloj a la inversa

 

Vuelvo a bajar. Una de las aulas nos ofrecen estos bonitos bodegones. Nos imaginamos por momentos un alumno aún sentado en su pupitre. Manejando con rapidez la vieja máquina de escribir.

El pupitre y la lámpara

El pupitre y la lámpara

 

 

El pupitre y la lámpara

El pupitre y la lámpara

 

 

El pupitre y la lámpara

El pupitre y la lámpara

 

 

La máquina de las letras

La máquina de las letras

 

 

La máquina de las letras

La máquina de las letras

 

Seguimos bajando por la escalera hasta las plantas inferiores.

Escalera interior

Escalera interior

 

 

Escalera interior

Escalera interior

 

 

Escalera interior

Escalera interior

 

 

Escalera interior

Escalera interior

 

Esta solitaria mesa me llama poderosamente la atención. Me dice que tiene que ser fotografiada. Miro diferentes encuadres y finalmente me decido por este.

Mesa en semipenumbra

Mesa en semipenumbra

 

Hago una pausa en las fotografía y os dejo, una vez mas, con esta conmovedora historia de la escritora Vanessa López, de su blog:

http://onirialina.wordpress.com/2013/05/16/relato-librosveo-siempre-estare-aqui/

SIEMPRE ESTARÉ AQUI

Por años que pasen, nunca dejaré de volver aquí. Ésta es la escuela donde ejercí de maestro casi toda mi vida. Fué mi hogar, como el de muchos  alumnos. Me gusta recordar que formábamos una gran familia, a pesar de que cada uno tenía la suya propia fuera de aquí, pero mientras estábamos en la escuela sólo nos teníamos a nosotros. Aquí dormíamos, desayunábamos, aprendíamos, comíamos, amábamos, cenábamos y odiábamos. Aquí supimos lo que es compartir, ganar y perder. Aquí forjamos lazos de amistad que nos unieron, a unos durante algunos años, otros para toda la vida. Vivimos lo que se conoce popularmente con esa famosa frase “los amigos son la familia que uno escoge”, sólo que sin escoger, puesto que todos formábamos parte de aquella escuela de la misma forma que la escuela formaba parte de nosotros, y eso nos unía de una forma especial, nos daba una unión familiar.

Por aquí pasaron muchos, cada cual con su historia, y todos dejaron su impronta. Yo les quise a todos. Y ellos me querían a mi. Decían que les hacía sentir importantes. ¿Acaso no lo eran? Todos los seres lo somos. Formamos nuestro propio universo, construimos nuestra historia, tratamos de mejorar el mundo, y a menudo sólo necesitamos a alguien que mire, alguien que se interese por lo que hacemos, por lo que sentimos y donde estamos. Alguien que nos quiera y a quien amar. Aquí aprendí que eso puede marcar la diferencia, eso puede ser lo que haga que una persona escoja uno u otro camino. Dar y recibir amor, esa es la clave de todo.

Uno de esos muchachos se coló directamente en lo mas profundo de mi ser, desde el primer instante en que le vi. Incluso antes de conocer su historia, antes de saber que ese muchacho ya había escogido su camino, y no era el que yo mostraba aquí. Recuerdo que me impactó especialmente su forma de mirar. Su frialdad congelaba hasta el mismísimo infierno. Apenas hablaba, y cuando lo hacía deseabas que no lo hubiera hecho. Hería con cada gesto que hacía. El resto de chicos cesaron en su empeño de acogerle como un igual a los pocos días de su llegada, tal era su crueldad. Me lo tomé como algo personal, lo admito. Investigué, me entrevisté con sus padres y familiares. Indagué en sus anteriores colegios. Y así supe que Luis era un error.

Evidentemente no lo era para mi, pero sí para él mismo, y cargar con eso puede corromper el alma más pura. Esa es una herida en el centro de uno mismo de la que jamás puedes desprenderte. Sus padres le tuvieron mayores, mucho después que al resto de sus hermanos. Al parecer se le antojó a su madre, como cuando compraba una casa en la playa, o un guacamayo azul, y a pesar de las advertencias y consejos en negativo del resto de familiares, quedó embarazada. Cuando Luis nació pasó lo que suele pasar con los caprichos, que una vez se consiguen dejan de interesar. Así que su madre se desentendió de él, a pesar de que le hizo creer todo lo contrario. Solía decirle lo guapo, inteligente y fuerte que era, y que debía vivir su vida sin que nadie le dijera lo que tenía que hacer, que él debía bastarse para todo. Y a pesar de todos los halagos, así lo hizo. Construyó tal muro a su alrededor que nunca pudo ver quien era en realidad. Dentro de esas paredes artificiales sólo estaba el Luis que su madre construyó, viviendo en el mundo que ella creó para él, un mundo falso para el resto, equivocado, pero el único que Luis conocía. Todo lo de afuera era hostil, y con el tiempo él también lo fué para si mismo. Nadie debería vivir esa soledad.

Me rechazaba contínuamente. No quería saber nada de lo que tuviera que decirle. Cuanto más me negaba, más empeño ponía yo. Hasta que decidí aplicar una contención física con él. Abrazarle aunque fuese a la fuerza para que entendiera que yo sí le veía, y que era un ser brillante. Pero yo ya no era más que un viejo, y no advertí que estábamos muy cerca de las escaleras. Él se zafó de mi con tanta ira que me lanzó con toda la fuerza de quien se odia a si mismo.

La caída me dejó inconsciente y para cuando quise reincorporarme Luis ya no estaba allí. Ni él ni nadie, puesto que la escuela había cerrado. Desconozco los motivos, ni lo sé ni me importa, sólo puedo pensar en Luis. Solía decirle que siempre estaría aquí, que siempre le esperaría, porque yo sí le veía. Así que todos los días de mi vida vengo aquí, a lo que hoy ya es una escuela abandonada por todos. Paseo entre lo que fué mi empleo y siempre será mi hogar.

Hoy he venido como todos los días. Pero me he llevado una magna sorpresa cuando al llegar he visto que había otros dos visitantes. Una pareja de unos cuarenta años. Él parecía conocer bien la escuela, caminaba por aquí acompañando sus seguros pasos con largas explicaciones. A pié de la escalera me acerqué a ellos, pero estaban tan absortos en su conversación que ni me vieron. Sin querer ser  maleducado, no pude evitar escuchar cuanto decía aquel joven:

– Aquí acabó mi vida y volvió a empezar. En este punto del universo morí y renací. El día que le empujé expulsé todos mis fantasmas. Perdí a la única persona a la que le importaba,  el único ser que me dió lo que necesitaba para volver a empezar. Le maté y con él a mi antiguo yo. Hasta con su muerte ayudó a vivir, así era él. Y sé que donde esté, sabrá que le quería más que a nadie, y que nunca he querido a nadie como le quise a él. Todo lo que soy, todo lo que tengo te lo debo a ti. Descansa en paz maestro.

 

Otras dependencias

Otras dependencias

 

 

Pasillos de soledad

Pasillos de soledad

 

 

Pasillos de soledad

Pasillos de soledad

 

Seguimos avanzando y llegamos a lo que fué la guardería.

La entrada de la guardería

La entrada de la guardería

 

 

La entrada de la guardería

La entrada de la guardería

 

 

Pintadas

Pintadas

 

 

wc guardería. El amarillo no tira

wc guardería. El amarillo no tira

 

 

La guardería

La guardería

 

 

La guardería

La guardería

 

Fotografío el teatro. Los gigantes parecen estar esperando la llegada de los adultos para salir de festejos populares. Uno frente a otro se miran, sabiendo que seguramente pasará mucho tiempo en volver a llenar de alegría las calles del pueblo. Ya no serán nunca mas motivo de animación de la escuela del rector.

El teatro

El teatro

 

 

El teatro

El teatro

 

 

Escalera interior

Escalera interior

 

 

Escalera interior

Escalera interior

 

 

La vieja pica

La vieja pica

 

 

La vieja pica

La vieja pica

 

 

Pasillos en penumbra

Pasillos en penumbra

 

Me despido de la escuela con estos bodegones. Muchas otras fotos habrán quedado en el tintero. Este ha sido un pequeño resumen de una gran escuela. Espero que os haya gustado.

El último bodegón

El último bodegón

 

 

Juego de llaves

Juego de llaves

 

 

El último bodegón

El último bodegón

 

 

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10 Respuestas a “La escuela del rector

  1. Me encantan las fotos de los dormitorios comunitarios. siempre me han llamado la atención estos sitios, una pasada.
    Espero que coincidamos en otra EQ.

    Muchos saludos

  2. Hoola! buenisima fotografía! me ha ayudado mucho a encontrar la idea que persigo. Como puedo ir a este mismo lugar? te agradecería enormemente tu ayuda!

  3. Yo cuando me introduzco en algún lugar del olvido, suelo llevarme siempre un recuerdo. Por supuesto nada de valor (si es que lo hay) ni nada que rompa la esencia del lugar. No se… un libro, una botella antigua, una muñeca de trapo…

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