Las casas del Pirineo II

Fue después de unos años, en unas cortas vacaciones en pleno invierno cuando, casi sin quererlo, decidimos volver, estábamos demasiado cerca y la curiosidad era muy grande. Era también la segunda vez que me acompañaba la familia a un lugar abandonado, esta vez de forma más relajada pues ya conocíamos el lugar, además los chavales, como descubridores del pueblo, no se lo podían perder!

Me intrigaba saber el estado que lo encontraría con el transcurrir de los años, con las duras condiciones climatológicas que sufren muchos pueblos del Pirineo. Además, con el condicionante que éste estaba abandonado. Grandes cantidades de nieve en días de ventisca se acumulaban en los débiles y frágiles suelos de madera de estas casas. Esa lluvia y nieve colándose por las ventanas desprovistas de cristales, por las puertas a menudo abiertas de par en par. El paso del tiempo bajo estas duras condiciones, sin duda pasaran factura muy a corto plazo si antes no se pone remedio.

Podéis ver las fotos a mayor tamaño y mejor resolución  clickando directamente sobre ellas.

Dejamos el coche y después de unos 40′ de suave ascensión divisamos el pueblo.

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Exteriores.

 

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Exteriores.

 

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Exteriores.

Después de pasar por las primeras casas, y casi sin aviso previo, me cuelo en su interior. Algunas fotos, parecidas a las que hice en mi primera visita. Sin embargo siempre se pueden descubrir nuevos encuadres, nuevos rincones.

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Detalles.

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Detalles.

 

Empiezo a entrar en habitaciones con mucho color. Seguramente que los innumerables visitantes,  que han estado en estas casas a modo de refugio, se han encargado de decorarlas de una manera muy peculiar, a menudo sorprendente.

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Interiores.

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Interiores.

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Interiores.

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Detalles.

Pasillos que se me hacen eternos, el mal estado de la madera y el crujir de ella a cada paso te hacen replantearte continuar la exploración. Como siempre la curiosidad es mucho más fuerte al temor, y continúo adelante.

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Interiores.

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Interiores.

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Interiores.

 

Es una suerte disponer de una buena cámara en condiciones de escasa luz. Evidentemente, en esta ocasión, voy sin trípode. Toca subir los valores ISO de mi cámara, de esta manera puedo seguir fotografiando sin problema los oscuros pasillos.

 

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Interiores.

No me quiero entretener mucho pues la familia me espera fuera. Decido salir de una de las casas para fotografiar exteriores.

 

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Exteriores.

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Mientras los chavales juegan a tirarse bolas de nieve, vuelvo a entrar a otras casas.

 

 

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Interiores.

 

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Detalles.

 

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Interiores.

 

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Interiores.

 

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Interiores.

 

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Detalles.

 

Salgo de las casas y me dirijo al final de este pequeño pueblo. Allí se encuentra la ermita.

Su estado de abandono es parecido a lo que había observado anteriormente, con el agravante de que se trata de patrimonio arquitectónico. Un valioso y único patrimonio que, sin una actuación rápida, se va a perder para siempre. Ese maravilloso estilo románico que luce de manera extraordinaria en gran parte de las comarcas pirenaicas, lo encontramos aquí de manera decadente, olvidada. Posiblemente  el daño ya esté hecho.

 

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Exteriores.

 

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Interiores ermita.

 

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Interiores ermita.

 

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Interiores ermita.

 

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Interiores ermita.

 

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Interiores ermita.

 

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Interiores ermita.

 

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Con las últimas fotos y, debido a la nieve acumulada, dejamos el pueblo muy lentamente. Quién sabe si la próxima sea para verlo en todo su esplendor. Con las casas totalmente rehabilitadas. Quién sabe si el sonido de las campanas suenen de nuevo. Ojalá las volvamos a escuchar con fuerza.

Espero que os haya gustado este maravilloso y olvidado pueblo.

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Exteriores.

 

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Exteriores.

 

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