La casa del médico

La casa del médico,  un lugar lleno de detalles, de sorpresas, cartas de amor de una pareja de médicos que tuvieron que abandonarlo todo.

Un relato de la fantástica escritora Vanessa López. Estas fotografías y, una carta que encontré,  le inspiraron una gran historia. Poca, mucha verdad en ella? quien sabe. Bueno… yo lo sé, pero no pienso desvelaros el secreto.

Aquí os dejo, Aquellas cartas sin abrir

Aquellas cartas sin abrir

Soy un fotógrafo tardío, no os quiero engañar. Yo no puedo decir que mi pasión empezó cuando apenas caminaba como muchos, pero una vez la encontré me atrapó. Suelo quedar con algunos aficionados amigos para hacer fotografías de vez en cuando, e intento atrapar las historias, las emociones que veo y trasmitirlas en mis fotos. Hasta aquí todo correcto. Lo extraordinario de esta historia es lo que voy a contaros a continuación.
Hace unos días quedamos para fotografiar un barrio abandonado. Con sólo poner un pie en aquel lugar me estremecí. Lo achaqué a un presagio de la posibilidad de que todo aquello se viniera abajo de un momento a otro, porque sabíamos que en el subsuelo había una vieja mina. Lo que no sabía es que aquella sesión cambiaría mi vida para siempre.
Nos adentramos en una casa. Distribuida en dos estancias, una planta baja y otra más en un primer piso. Casi de inmediato entré en faena. Veía buenas instantáneas por todas partes. Parecía que habían dejado la vivienda de repente, a todo correr. Numerosos libros de medicina poblaban cada rincón de aquel lugar. Aquí vivía un médico, supuse. De entre los objetos personales de quien allí viviera, recogí del suelo una de los cientos de cartas que poblaban aquella habitación. Estaba medio abierta, así que… no pude resistirme a la tentación de leerla. Era una carta de amor. Al parecer quien la escribía era médico, especialista en ginecología: Doctor Miguel Ángel Martin. Le escribía a su novia, estudiante de medicina en Álava, le preguntaba por los avances en su carrera y le juraba amor eterno. Tuve un impulso, un pálpito, y me guardé la carta en el bolsillo de mi chaleco. No pude evitar entristecerme por todas aquellas misivas que al parecer jamás fueron enviadas, ni leídas por nadie.
Durante los siguientes tres días estuve enfrascado en el trabajo de edición de aquella inquietante sesión, y cuanto más observaba mis fotos, más me obsesionaba la historia que escondía aquella casa. Así que decidí volver.
Cuando llegué aun no llovía, pero un trueno espantoso me dió la bienvenida a aquel barrio fantasmal. Me dirigí a la vivienda del ginecólogo.
– Buenos días caballero- Me sobresaltó una voz de mujer, mas bien ronca.
– ¡Hola! Vaya, no esperaba ver a nadie por aquí.
– Casi diría que le he asustado.
– Bueno, de hecho así ha sido. Iba concentrado y…
– Disculpe, ya no estoy acostumbrada a tratar con gente. Aquí sólo viven gatos.
– Ah, pero, ¿vive usted aquí?
– Dígame, y usted, ¿qué ha venido a hacer a este pueblo abandonado por todos?
Le expliqué que era fotógrafo y sólo quería conseguir unas buenas tomas de la tormenta. Me propuso acompañarme y yo, no me pude negar. Entré en casa del médico, seguido de aquella extraña mujer. De ella me sorprendió su aire sofisticado y su pulcritud pese a vivir en aquel barrio comido por el abandono. Entré en el comedor de la vivienda. Se me erizó la piel de nuevo al ver aquella botella de vodka sobre la mesa, al lado de libros de medicina y utensilios propios de la profesión. Se me antojó lo que fuere el declive de un gran hombre. Tenía el estómago en ebullición. Me sudaban las manos.
– He venido muchas veces aquí, y también me altera esta estancia. Y eso que se trata de mi propia casa…
– ¿Esta es su casa?- Apenas podía controlar mis palpitaciones.
– Lo fué. Hasta que me fui a Álava a estudiar medicina.
Casi me desmayo. Aquella mujer era la novia del ginecólogo. Instintivamente le brindé la carta que llevaba en el bolsillo, le dije que creía que era para ella. Le pedí disculpas por haberla tomado prestada, pero que venía a devolverla; le conté que me había sorprendido sobremanera que todas aquellas cartas estuvieran allí abandonadas… Me interrumpió amablemente, pidiendome que se la leyera. Lo hice. Sus ojos se humedecieron desde que oyó la fecha. Para cuando leí la despedida lloraba desconsoladamente.
– El me quería. Y yo a el. Pero en la última de sus visitas a Álava le exigí que dejara el pueblo, que viniera conmigo. No supe entender que aquí estaba su lugar en el mundo y lo perdí para siempre. Ahora sé que sí me escribió, y que nunca abrió mis cartas. El destino quizá. Pero gracias a ti volveremos a estar juntos. Se suicidó hace cinco años, ¿sabes?. Yo llevo aquí tres, y gracias a ti y al haberme leído esa carta puedo partir en paz, a reunirme con el. Gracias amigo fotógrafo.

Texto de Vanessa López

http://oniria.megustaescribir.com/

El tocador

 

 

El tocador

 

 

El retrato de Anna

 

 

La cocina

 

 

La cocina

 

 

La cocina

 

 

La cocina

 

 

La cocina

 

 

La cocina

 

 

Puertas que se abren

Puertas que se abren

 

 

Puertas que se abren

Puertas que se abren

 

 

El baño

El baño

 

 

El baño

El baño

 

 

El baño

El baño

 

En ella encontramos muchos libros de medicina, incluso algún viejo hallazgo como libros de mecánica y motores diesel.

El salón

El salón

 

 

La última copa

La última copa

 

 

motores diesel

motores diesel

 

 

El sótano

El sótano

 

 

El adios

El adios

 

Anuncios

5 Respuestas a “La casa del médico

  1. Pingback: La casa del médico | Cerrado por abandono

    • Hola Nano. Que tal la vuelta por Toledo?
      Bueno, pues un places conoceros y me alegre que te haya gustado el blog. EL vuestro también lo encuentro muy interesante con unas muy buenas fotos.
      Saludos a los tres.

  2. Muy interesante, sobre todo lo de los libros de mecánica.
    Por lo que he visto, todos tus reportajes son anónimos, verdad?
    Siempre me gustaría poder ver estos lugar con la historia que tienen detrás, sobre todo la mecánica, me encanta!
    Muchas gracias por tus fotos! :DD

    • Hola Cristian. Me gusta que disfrutes viendo estas fotos. Es curioso, encontramos algunos libros de mecánica. Pero sobre todo de medicina.
      Como curiosidad te diré que estas casas ya no existen.
      Si, son anónimos. No podemos desvelar el lugar donde se encuentran.
      Un saludo!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s