La fábrica de las telas azules

Fue por fin una calurosa mañana de verano cuando decidimos entrar en la fábrica. Como todo abandono, la mejor sala se hace de rogar. Son las que casi siempre cuesta encontrar. Subimos el último piso y allí estaba la sala que fotográficamente ofrecía mayores oportunidades. Se trataba de la sala de las telas azules. No sabremos nunca si estas telas se habían tejido en esta antigua fábrica textil o por el contrario alguien las había dejado expresamente.

Una de las curiosidades fue descubrir decenas y decenas de botellas repartidas por todas las salas que íbamos visitando.

El secreto de estas botellas quizás os lo revele la fantástica escritora Vanessa López. Espero que os gusten tanto mis fotos como la historia Botellas Viejas. Que disfrutéis !

La sala de las telas azules

La sala de las telas azules

 

 

La sala de las telas azules

La sala de las telas azules

 

Cuando entré a trabajar en la fábrica me sorprendieron dos cosas: las enormes telas azules que colgaban de los colosales techos y que hubiesen dos hombres pelirrojos manejando la misma máquina. Y lo mejor de todo es que cuando los conocí supe que ni siquiera eran familia. Era una casualidad. Me adapté bien. Tanto que al poco ya participaba en los trapicheos de los panocha. Al parecer se dedicaban a colocar en el mercado negro todo lo que podían sacar de la textil. Telas, tintes, incluso piezas de la maquinaria. Me unieron al grupo casi recién llegado. Un sobresueldo estupendo, pensé. Pero el tema es que para no levantar sospechas gastando por encima de las posibilidades de un peón de fábrica, hacían los trapicheos y escondían lo que ganaban tras las baldosas del lavabo de los trabajadores. Como el que contrata un plan de pensiones. Me pareció divertido y me enrolé. Así estuvimos años. Hasta que la globalización y demás supuestos avances acabaron con la textil. De la noche a la mañana nos cerraron la fábrica y nos quedamos sin trabajo, y por lo tanto sin sueldo ni sobresueldo.

Llegó el momento de cobrar el “plandepensiones”. Nos reunimos un par de semanas tras el cierre definitivo de la fábrica en un bar de obreros a las afueras de la ciudad. Juan no parecía contento, y Angel parecía enfermo. Tras bromear sobre el asunto les comenté lo que hacía días estaba pensando. – Todo lo que hemos recogido durante estos años es mucho dinero, pero dividido entre tres no nos sacará de pobres a ninguno. – Totalmente de acuerdo, pero ¿qué propones?. Estamos juntos en esto y los tres estamos jodidos. – Propongo una especie de ruleta rusa. – les dije – ¿De qué estas hablando? – Propongo comprar tres botellas de buen vino y envenenar dos. Quien escoja al azar la que no coniene veneno vivirá y se quedará con toda la pasta. Los otros dos la palmarán y descansarán. – Supongamos que lo hacemos. ¿Quién pondrá el veneno? necesitamos a alguien más – Vaya, estáis realmente jodidos, pensé que me lanzaríais la caballería. En fin, he pensado en un colega de mi barrio. Por unos cuantos euros nos hará el trabajito.

Así fue como acordamos hacerlo. Sólo que cuando quedé con mi colega para que me entregara las botellas decidí eliminarlo a el también. Digamos que cuanto menos gente supiera que había mucha pasta escondida en la textil mejor, y podría suponer un riesgo innecesario para el que se salvara del veneno y se quedara con ella. Le metí matarratas en la comida. Nadie le haría la autopsia a un muerto de hambre sin familia del extrarradio. Ahora sólo quedaba confiar en que la suerte me acompañase el día en que quedara con los panocha para beber el vino. Con ellos sería legal, ellos siempre lo habían sido conmigo. Me la jugaría como los demás. La suerte estaba echada.

Nos encontramos en la vieja textil a las tres de la tarde. Beberíamos a morro, cada uno de su botella. Todo un sacrilegio teniendo en cuenta que eran buenos caldos… aunque eso era para nostros lo menos importante en aquella circusntania. Bebimos en silencio, mirándonos a los ojos. Dos de nosotros morirían en cualquier momento y sólo uno conservaría su vida. Dudé si todo aquello tenía sentido. Eran mis amigos, ¿cómo iba a vivir tras todo esto? Rico, pero… Un momento. Estan muertos. Los dos. Han palmado sin darme ni cuenta. La pasta es mia, toda, debería estar contento, pero no lo estoy. De hecho me siento muy extraño. No puede ser. Yo también estoy muerto, soy un puñetero fantasma. ¿Pero qué…? el malnacido de Jonás envenó las tres botellas para quedarse el con todo el dinero. ¡Maldita sea!

Ahora nadie sabe que hay una fortuna encerrada tras las baldosas del viejo lavabo. La avaricia rompió el saco. Quizá algun aficionado a los abandonos un día tenga un golpe de suerte y lo descubra. Quizá quede allí encerrada para siempre, como yo y estas tres botellas viejas.

Es un relato de la escritora Vanessa López http://oniria.megustaescribir.com/

 

Botellas en el olvido

Botellas en el olvido

 

 

Botellas del olvido

Botellas en el  olvido

 

 

Botellas del olvido

Botellas en el olvido

 

 

Botellas del olvido

Botellas en el olvido

 

 

Belleza y decadencia

Belleza y decadencia

 

 

Belleza y decadencia

Belleza y decadencia

 

 

Botellas en el olvido

Botellas en el olvido

 

 

Los depósitos

Los depósitos

 

 

Detalles de color

Detalles de color

 

 

Detalles de color

Detalles de color

 

 

Detalles de color

Detalles de color

 

 

Detalles en los rincones

Detalles en los rincones

 

 

Detalles en los rincones

Detalles en los rincones

 

 

Detalles en los rincones

Música de ninguna parte

 

 

Detalles en los rincones

Música de ninguna parte

 

 

Pasamos

Pasamos

 

 

La sala de las telas azules

La sala de las telas azules

 

 

El último telar

El último telar

 

 

El último telar

El último telar

 

 

El último telar

El último telar

 

 

El último telar

El último telar

 

 

La sala de las telas azules

La sala de las telas azules

 

 

Luz de interior

Luz de interior

 

 

Heridas de un feliz cajón

Heridas de un cajón feliz

 

 

La mirada de un viejo ascensor

La mirada del viejo ascensor

 

Accedemos a las plantas inferiores por unas destartaladas y viejas escaleras.

 

Blanco y gris en la escalera

Blanco y gris en la escalera

 

 

La escalera

La escalera

 

 

La escalera

La escalera

 

 

Pasillos a ninguna parte

Pasillos a ninguna parte

 

 

Sala verde

Sala verde

 

 

Patio interior

Patio interior

 

 

La sala de la pica

La sala de la pica

 

 

La sala de la pica

La sala de la pica

 

 

Patio interior

Patio interior

 

 

3 Respuestas a “La fábrica de las telas azules

  1. Pingback: La fábrica de las telas azules | Cerrado por abandono

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